Las emociones juegan un papel muy importante en la elección, calidad y cantidad de los alimentos que consumes.
Aunque no es algo muy consciente para la mayoría de las personas, la realidad es que, en mayor o menor medida, todos comemos o hemos comido por emociones.
Seguro recuerdas a tu abuela haciéndote tu platillo favorito para consentirte cuando te sentías enfermo o a la típica chica deprimida comiendo un litro de helado mientras mira la televisión. O lo que es más común aún, en los momentos de estrés o ansiedad sentir unas ganas incontrolables de tener algo dulce o crujiente en la boca.
La comida emocional tiene diversas funciones. Tal vez te ha servido para: festejar, premiarte, calmarte, evadir, sentir satisfacción, llenar un vacío, para callarte y no discutir o desahogarte.
El problema no radica en comer cuando hay emociones de ansiedad, estrés, aburrimiento o festejo. Lo que es alarmante es cuando la comida se vuelve la única estrategia que tienes para enfrentar y regular tus emociones.
Las emociones no son buenas ni malas. Son mensajeros que te están indicando que hay cosas que necesitas cambiar, decisiones que tomar, limites que poner, etc.
Evadir las emociones con comida empeora el problema. Por más comida o bebida que ingieras, jamás será suficiente. Es como el hoyo negro que jamás se va a llenar. Por está razón resulta imposible sostener una dieta cuando hay hambre emocional.
Imagina que sueles estar muy ansioso o estresado por tu trabajo, la escuela, tu familia, tu pareja, el tráfico, etc…Y justo en esos momentos en los que te sientes así, es cuando más buscas algo dulce y normalmente, terminas comiendo un pan (o dos…). Al instante te sientes bien porque te calma y te ayuda a seguir tu día. Pero llega el punto en el que comer tantas harinas te empieza a ocasionar problemas con tu peso o tu salud y decides ponerte a dieta.
Debido a que la dieta no lo incluye, dejas de comer pan y otras harinas por completo. Los primeros días lo logras; sin embargo, conforme va pasando el tiempo, se va incrementando tu ansiedad (porque ya no la estás calmando con nada), hasta el punto donde ya no puedes más y te das un atracón de harinas. Acto seguido, te regañas porque no lo lograste, no pudiste resistir y no tuviste la suficiente fuerza de voluntad.
Déjame decirte algo, no es cuestión de que tengas o no fuerza de voluntad o de que los astros se alineen. Si tú no te das cuenta de la función que está teniendo la comida en tu vida, tomas acción y sustituyes esa función de forma saludable, nunca podrás regular tú ingesta de alimentos. Simplemente porque la necesidad que te está mostrando la emoción, no la estás atendiendo, solo la estás tapando con comida.
La emoción de ansiedad tal vez te está diciendo que necesitas calmarte, dedicarte tiempo para ti, alejarte de relaciones tóxicas, poner límites, perdonarte, etc.; y tú lo que haces es comer.
La comida jamás va a ser suficiente para darte eso que realmente necesitas, a menos que tú lo hagas por ti mismo.
Y esa es la parte interesante, porque tal vez es más fácil comerte un pan que dejar a tu pareja tóxica, decirle a tu jefe que no se puede dirigir a ti de esa manera o sanar la relación con tu madre.
En la medida que hagas consciente la función de la comida en tu vida y tomes cartas en el asunto, en esa medida irá disminuyendo tú hambre.
Cuando tengas antojos, no solo te comas el alimento y ya. Detente y pregúntate: ¿Cómo me siento? Te puedo asegurar que el 90% de tus antojos realmente son detonados por alguna emoción.
Y una vez que detectes la emoción, vuelve a hacer un alto y cuestiónate otra vez: Sintiéndome ansioso, estresado, preocupado, aburrido… ¿Para qué quiero comer?
Muchos de mis pacientes me dicen que dejan de sentir tanta hambre y antojos; y eso les pasa porque lo que sentían no era hambre física, era hambre emocional.
Al sanar tu hambre emocional se vuelve mucho más fácil elegir alimentos saludables y regular la cantidad de cualquier alimento. Empiezas a escuchar a tu cuerpo, seguir sus mensajes y guiarte por su inteligencia, con lo cual ya no haces dieta sino encuentras un estilo de vida saludable y armónico. Comienza siendo consciente de la relación que tienen tus elecciones de alimentos con tus emociones y creencias.
Te invito que antes de ponerte a dieta, operarte, tomar medicamentos o cualquier otra cosa que puedas hacer para intentar perder peso, observes lo que te acabo de plantear, estoy segura que te hará replantearte la forma en la que has visto el control de tu peso.
Si ya identificaste que tu hambre emocional es la que te hace sabotearte en tus intentos de mejorar tu peso y ¿No sabes que hacer?, te invito seguir leyendo en el blog ¿A dieta? deja de tener antojos por lo dulce.
También puedes unirte al curso: No más dietas: sanando mi alimentación emocional.




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